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Un mundo en busca
de                     

atención

La información ya no llega a nosotros por un único camino. Medios, creadores, políticos y algoritmos compiten por captar nuestra atención y decidir qué entra en la conversación pública

ALEJANDRO DEL AMO

SEPTIEMBRE 2026

Nunca habíamos tenido tanta información al alcance de la mano. Al mismo tiempo, nunca había sido tan difícil que alguien se detuviera ante ella. Una noticia compite hoy en la misma pantalla con un vídeo de entretenimiento, una conversación privada, una campaña publicitaria o cualquier otro contenido capaz de conseguir unos segundos de atención. Que un asunto sea importante ya no garantiza que vaya a llegar hasta nosotros: primero tiene que conseguir hacerse visible.


El último Digital News Report del Reuters Institute constata el sorpasso: por primera vez, las redes sociales superan en uso informativo a televisiones, radios, medios impresos y canales digitales de los medios a nivel mundial. Esto no significa que los medios tradicionales hayan dejado de formar parte de nuestras rutinas, sino que cada vez más noticias nos llegan a través de plataformas en las que las redacciones ya no deciden qué vemos primero ni hasta dónde puede llegar cada contenido.​

Porcentaje que usó cada fuente para informarse en la última semana. Fuente: Digital News Report 2026 - Reuters Institute

​Daniel (2005), Carlota (2002) y Jaime (2003) se relacionan con la información de formas muy diferentes. Lo primero que consulta Daniel cada mañana son las redes sociales, mientras que Carlota combina distintos soportes y contrasta medios de distintas líneas editoriales. Jaime, a pesar de su temprana edad, trabaja en el Congreso de los Diputados como asesor parlamentario. Al encender el móvil sus primeros impactos informativos vienen de canales privados de comunicación del ámbito laboral en los que ya le adelantan cuáles serán los grandes temas del día. Nada más baja a desayunar abre periódicos españoles e internacionales.

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Lo interesante para los tres jóvenes empieza cuando sus rutinas informativas dejan de ser voluntarias. Cada vez es más habitual encontrarse con una noticia sin haber decidido previamente buscarla. Es el llamado consumo incidental, una forma de acceso a la actualidad en la que la información llega al usuario mientras consume contenidos que no tienen por qué ser informativos. 


La diferencia respecto a otras formas de consumo está en quién realiza la selección: en un periódico, alguien ha decidido qué noticia ocupa más espacio en la portada y cuál queda relegada a un pequeño apartado entre sus decenas de páginas; en un feed, esa selección se esconde detrás de un orden que cambia para cada usuario. Cuando no somos nosotros quienes salimos a buscar la noticia, ¿quién ha decidido que sea esa noticia la que nos encuentra?

Quién capta nuestra atención

Hasta hace pocos años, quienes generalmente tomaban la decisión de que determinadas noticias llegasen a la opinión pública eran las redacciones. Periodistas y editores escogían qué acontecimientos merecían convertirse en noticia, cuánto espacio ocuparían y qué información quedaría fuera. Esa capacidad no ha desaparecido, pero ahora convive con otros actores que también introducen, jerarquizan o amplifican un asunto ante audiencias masivas.


Los primeros teóricos de la comunicación de masas llamaron agenda mediática a la colocación de determinados temas en la conversación pública. «Yo ahora hablaría de agenda híbrida», explica Uxía Carral, doctora en Periodismo, experta en algoritmos, redes sociales y desinformación.


«Los medios tradicionales siguen teniendo capacidad para jerarquizar ciertos temas, pero es verdad que ya no poseen el monopolio sobre qué entra en la conversación pública. No ha desaparecido la agenda mediática como tal, pero sí que se ha fragmentado», explica.

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El reparto del poder en la selección de información coincide con otro cambio: la aceleración del consumo. Detenerse a leer un artículo, ver un informativo o entender una explicación extensa exige una atención que compite con formatos diseñados para satisfacer al usuario continuamente. «No es ningún secreto que nuestros cerebros, con las redes sociales, se han acostumbrado a recibir estímulos y a recibir dopamina de una manera más frenética», explica Jaime al ser preguntado por la desafección de su generación hacia esos medios tradicionales. 


«Muchos de esos vídeos que están en las redes deberían ser de cinco minutos o más para que se entendieran bien y los tienes que reducir a treinta segundos. La gente lo sabe, pero sigue buscando ese tipo de contenido», reconoce Carlota, que ocasionalmente crea contenido divulgativo en redes sociales sobre la Unión Europea y también admite recurrir a esos códigos. La competición ya no se limita, por tanto, a quién posee la información más relevante o rigurosa, sino a quién consigue presentarla de una forma suficientemente atractiva para sobrevivir al siguiente movimiento del dedo.

LIDERAR LAS REDES

Tiene 26 años y millones de usuarios siguen semanalmente sus vídeos, aunque muchos nunca hayan acudido intencionalmente a ellos. Su nombre provoca apoyos intensos y un rechazo igual de visible. Para sus seguidores representa todo lo que debería ser el buen periodista: aquel que se atreve a hacer las preguntas que otros evitan. Mientras que para sus detractores representa la degradación del oficio: una forma de comunicación agitadora que se aleja de los códigos deontológicos de la profesión. Ha protagonizado enfrentamientos con políticos y periodistas, y el Congreso ha llegado a retirarle temporalmente su acreditación.


Vito Quiles se ha convertido en uno de los comunicadores políticos más seguidos y perseguidos a nivel nacional. Su influencia no se explica solo por quienes siguen fielmente sus contenidos, sino también por las millones de personas que le critican. Quiles cree que su éxito no puede entenderse sin la crisis de confianza que atraviesa el periodismo tradicional. «El periodismo ahora mismo vive su momento más crítico», me cuenta, y añade que gran parte de la juventud «se siente más identificada con creadores de contenido como él que hablan en su mismo lenguaje». 

Perfiles de Vito Quiles en X, Instagram y TikTok

Vito Quiles increpado por militantes

en un acto de Gabriel Rufián y Emilio Delgado

«Yo no tengo ningún miedo a que el poder me señale. No me quiero llevar bien con el poder, no es mi interés», afirma. Para él, la frontera entre informar y ejercer verdaderamente el oficio se encuentra en la capacidad de resultar incómodo: «Lo que habla bien de un buen periodista es que haga preguntas y que moleste, porque un periodista que no molesta, que no incomoda y que no fiscaliza, para mí no es un periodista».

Algunos de los reels con más visualizaciones en el perfil de Instagram de Vito Quiles

«Yo no hago el periodismo que se debería enseñar en las universidades tampoco, y lo reconozco, pero yo creo que hago un periodismo que ahora mismo es necesario», asegura. Sin embargo, Quiles contiene una contradicción en su modelo que él mismo admite: su fiscalización se centra en los políticos de izquierdas.

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Aunque el creador de contenido reconoce que «es verdad que solo hace preguntas a un determinado lado», lo justifica asegurando que es al Gobierno al que hay que incomodar y que sería «irresponsable» no hacerlo. «La invasión de Ceuta, el paro juvenil disparado, la imposibilidad de comprarse una vivienda, el problema de integridad territorial, la inseguridad en las calles, un país absolutamente arruinado económicamente o la corrupción del Gobierno», son los temas que deberían marcar la agenda de un «buen periodista» para Vito Quiles.

El periodismo actual adolece de falta de crédito y desconfianza

"Muchos medios solo sirven para hacer propaganda del poder político y nutrirse de apoyar a un determinado sector ideológico más que informar"

La juventud se siente más
representada con creadores
de contenido como yo

"No atribuiría mi éxito solo a la desconfianza en los medios, sino también a que la juventud no está acostumbrada a informarse por medios del establishment"

No tengo ningún miedo a que el poder me señale

"Hay muchos periodistas que están preocupados por llevarse bien con el político de turno. A mi me atacan porque soy incómodo para el poder que protegen"

Un buen periodista es el
que hace preguntas, molesta, incomoda y fiscaliza

"No es fácil hacer un periodismo incómodo y fiscalizador y, a la vez, educado, pero yo creo que lo he conseguido hacer. Nunca le falto al respeto a nadie, hago preguntas que tienen que ver con la actualidad y que son muy pertinentes"

Puedo entender la crítica de que solo hago preguntas a un lado

"Yo no hago el periodismo que se debería enseñar en las universidades, y lo reconozco, pero yo creo que hago un periodismo que ahora mismo es necesario"

Preguntarle ahora mismo a Ayuso, según está España, es inmoral e irresponsable

" El Gobierno está empapado de corrupción y creo que un periodista se debe centrar en lo que le preocupa realmente a la ciudadanía, que no es dónde viva Ayuso. Como tengo libertad editorial, cuando considere que es necesario hacer preguntas a otros políticos, se las haré"

¿Qué hay detrás del éxito de Quiles?

En el otro lado del espectro ideológico ha aparecido otra generación de voces que también habla de política utilizando códigos construidos específicamente para las redes sociales. Elena Reinés es publicista, periodista y cofundadora de Woke Up News. Cuando tiene que escoger una etiqueta evita colocarse prioritariamente en el lugar del periodista: «Diría más publicista que periodista, siempre lo digo».

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Perfiles de Elena Reinés y Woke Up News en X, Instagram y TikTok

Su explicación toca directamente la lógica de la atención: «Ya no vale con que algo sea verdad, necesitas saber vender esa verdad». Reinés cree que los medios tradicionales conservarán un valor diferencial, pero que el comunicador digital tiene una gran capacidad: simplificar asuntos complejos y acercarlos a personas que probablemente no entrarían voluntariamente a consumir una explicación extensa.

Algunos de los reels con más visualizaciones en el perfil de Instagram de Elena Reinés

La comparación con Vito Quiles le molesta. Por eso cuando algunos la describen como «la Vito Quiles de la izquierda» responde inmediatamente: «Ni de coña». «Para mí es un insulto cuando me lo dicen porque yo no me dedico ni a acosar a periodistas, ni a ningún político, ni a nadie, ni miento, ni difundo bulos y yo no estoy financiada por ningún partido», explica indignada.

Ya no vale con que algo sea verdad, necesitas vender esa verdad

Intento siempre que pueda entenderme cualquier persona, esté formada o no

La idea de que el periodista es imparcial me parece una falacia

Vito Quiles y Elena Reinés representan modelos muy distintos, pero ambos han asumido algo que atraviesa todo el nuevo ecosistema: informar también significa conseguir que la información llegue. El problema es que las plataformas no premian necesariamente aquello que una redacción consideraría más relevante, sino lo que tiene más posibilidades de provocar interacción. La vieja puerta editorial deja de ser imprescindible para publicar, aunque no haya desaparecido del todo.

Ni de coña soy la Vito Quiles
de la izquierda
. Yo no acoso, no miento y no difundo bulos

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La puerta que todavía existe

Cada mañana, mientras millones de pantallas empiezan a llenarse de contenido, alguien revisa agencias internacionales y consulta grandes medios extranjeros como la BBC. Entra también en X, aunque aclara que no es su prioridad. Horas después habrá decidido qué acontecimientos internacionales merecen atención y qué importancia tendrán en el periódico generalista más leído de España. Si recuperásemos la definición clásica de gatekeeper, sería difícil encontrar un ejemplo más literal.


Guillermo Altares, redactor jefe de la sección de Internacional en EL PAÍS, decide cada día qué parte del mundo atraviesa la puerta de su sección. «Mi trabajo consiste en identificar lo que creo que son las noticias más importantes del mundo en un día y darles un espacio y una prioridad», explica. Primero lo hace en la web y después organiza esa jerarquía para el papel.


«Los grandes periódicos nunca han tenido el monopolio de la información. Ni yo creo que deban tener el monopolio de la información», afirma. Altares reconoce que hoy mucha gente se informa «por otros lugares como Tik Tok», pero reivindica que el papel del periódico está en ofrecer «una información relevante e importante». «Es importante dar las noticias que la gente lee, pero también es importante dar las noticias importantes, aunque no se lean», sostiene. 

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El 'gatekeeper' invisible

“Conviven gatekeepers: unos miran por el interés público y otros por qué tiene más visibilidad”, explica Carral. Un editor decide qué coloca en portada; un algoritmo determina qué ocupa el primer lugar de la pantalla. La similitud está en ordenar. La diferencia está en qué criterios hacen avanzar a un contenido. El algoritmo no necesita considerar qué asunto debería conocer un ciudadano para comprender la actualidad: busca señales que le permitan predecir qué tiene más posibilidades de generar interacción o retenerle unos segundos más.

Así dibujan tu perfil las plataformas

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Amplías una foto

Cuanto mejor conoce una plataforma nuestros intereses, más posibilidades tiene de acertar con el contenido que conseguirá mantenernos enganchados. Y cuanto más tiempo permanecemos dentro, más información obtiene sobre nuestro comportamiento para volver a acertar en lo que nos enseña después. La atención se convierte así en negocio: sirve para mantener la retención del usuario en la plataforma, conocerlo mejor y aumentar la capacidad para personalizar contenido y publicidad. Nuestra atención deja de ser únicamente el destino de la comunicación y se convierte también en el modelo económico de las plataformas.


Se ha extendido la idea de que vivimos encerrados en burbujas de contenido y universos informativos separados. Sin embargo, la evidencia obliga a introducir matices: utilizamos distintas plataformas, interactuamos con familiares y amigos, seguimos consumiendo televisión, radio o prensa y los propios algoritmos pueden enseñarnos contenidos contrarios porque el rechazo también genera interacción. No todo usuario vive aislado en una cámara de eco.

 

«Incluso antes de tener redes sociales, cuando somos niños, ya vivimos, en cierto modo, en unas cámaras de eco. La identidad se forma en los primeros años de vida. Entonces, si tus padres piensan de una manera, si tu círculo piensa de una manera, es muy probable que eso acabe definiendo quién serás tú en unos años», explica Carlota (2002). 
 

surfear la ola

Antes de convertirse en concejal y portavoz adjunto de Más Madrid en el Ayuntamiento de Madrid, Eduardo Rubiño trabajó en comunicación y redes sociales dentro de Podemos. Vivió el crecimiento de unas plataformas que permitieron a movimientos con poco acceso a los grandes medios construir comunidades propias y apelar de manera directa a la opinión pública.

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Perfil de Eduardo Rubiño en X e Instagram

«Cuando yo empecé en política las redes sociales aparecieron como una especie de herramienta de democratización. La conversación pasó de ser muy unidireccional y vertical con unos medios de difícil acceso, a una nueva autocomunicación de masas, donde de repente mucha gente, de manera horizontal, era capaz de compartir mensajes, trasladar opiniones, discursos y abrir voces que antes difícilmente tenían acceso a los medios», relata Rubiño.


Hoy existe «una nueva regla de juego a la que no podemos dejar de jugar ninguno de los que estamos en el espacio público», asegura. El portavoz define este fenómeno como «la dictadura del clickbait». «Todos estamos compitiendo por la atención. Por una atención que, a su vez, está mediada por el algoritmo. Al final del día decimos: ¿a cuánta gente hemos llegado nosotros?”, explica el portavoz de Más Madrid, que confiesa que «es inevitable que te dediques a surfear las olas que ya vienen generadas por la propia agenda-setting».

Pocos políticos entienden mejor los códigos de las redes que Óscar Puente (PSOE). El ministro de Transportes ha convertido X en una herramienta habitual de comunicación, caracterizándose por sus enfrentamientos públicos y mensajes que saltan con facilidad desde las redes hasta la conversación mediática.


«¿Por qué Óscar Puente es uno de los ministros que más impacto tiene en la política española? ¿Por qué está todo el rato en la agenda-setting? ¿Por qué es capaz de ocupar tantos titulares? Bueno, probablemente porque ha decidido jugar a un juego que es el juego para el cual están diseñadas estas herramientas», explica Rubiño, que advierte de que adaptarse demasiado a esos códigos puede terminar convirtiendo al político «en una caricatura de sí mismo».

Tuits polémicos del ministro Óscar Puente

Las mismas plataformas que empujan a los políticos a adaptar su lenguaje también les han dado un gran poder: hablar directamente con una audiencia masiva. Una declaración ya no necesita pasar primero por una rueda de prensa o una entrevista. El político puede elegir qué cuenta, cómo lo cuenta y publicarlo en sus propios canales.

Quién decide de qué hablamos

La posibilidad de llegar sin intermediarios al ciudadano ha multiplicado el número de actores capaces de introducir un tema en la conversación pública. Pero tener la capacidad de publicar no significa tener la capacidad de ser visto. Entre los miles de millones de mensajes que se producen cada día, solo una parte consigue abrirse paso, llegar a nuestras pantallas y concentrar nuestra atención.


Aun así, un gran porcentaje de la conversación pública comienza, crece o se amplifica hoy en las redes sociales. Nunca habíamos compartido un espacio público de estas dimensiones. Tampoco una conversación tan inmediata y globalizada. Pero ese espacio tiene propietarios que establecen las reglas bajo las que circula la información en sus plataformas y eso los convierte en agentes muy poderosos. Los criterios por los que jerarquizan y muestran contenidos son profundamente desconocidos y permanecen ocultos.

La democracia:
la gran perdedora

La disputa por la atención parecería hasta aquí un problema del periodismo, de los medios o de las plataformas. Pero termina afectando a algo más amplio. Una democracia necesita ciudadanos que puedan discrepar sobre una realidad común, acceder a información suficiente para formarse una opinión y escuchar argumentos que no siempre confirmen aquello que ya pensaban. Si cambian las condiciones en las que una sociedad se informa, cambian también las condiciones en las que esa sociedad discute y decide.


El nuevo ecosistema ha abierto oportunidades evidentes: más actores introducen temas, los políticos pueden hablar directamente con los ciudadanos y nuevos comunicadores han acercado asuntos complejos a públicos alejados de los formatos tradicionales. A su vez esas mismas posibilidades conviven con algoritmos opacos, desinformación, mensajes diseñados para activar emociones y una competición en la que la complejidad no siempre tiene las mismas posibilidades que aquello que provoca una reacción inmediata. 

Durante décadas, el debate sobre la información se centró en quién tenía capacidad para contarla. Hoy esa pregunta ya no basta. Medios, periodistas, políticos y nuevos comunicadores pueden publicar al mismo tiempo y dirigirse directamente a millones de personas, pero todos necesitan superar una última barrera: conseguir que alguien les preste atención. Las puertas de entrada a la conversación pública se han multiplicado y, con ellas, también quienes tienen capacidad para decidir qué consigue nuestra atención. Algunas siguen en las redacciones; otras están en manos de creadores, comunidades y políticos; y una parte cada vez mayor permanece escondida dentro de algoritmos cuyos criterios de selección apenas conocemos.


La información nunca había tenido tantos caminos para llegar hasta nosotros. Tampoco había tenido que competir tanto para conseguirlo. En esa competición no solo está en juego qué noticia vemos primero o qué vídeo consigue detener nuestro dedo durante unos segundos, sino qué asuntos compartimos como sociedad y sobre qué marcos de la realidad tomamos decisiones. Quizá por eso, en un mundo con más información disponible que nunca, la pregunta decisiva ya no es solo quién tiene algo que contar, sino quién consigue que paremos a escucharlo.

Trabajo de fin de grado realizado por Alejandro del Amo de Castro

Doble grado de Periodismo y Comunicación Audiovisual

Universidad Carlos III de Madrid

Septiembre de 2026

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